Sus primeros pasos en el automovilismo empiezan a los catorce años de edad. Los slaloms constituyen su contacto con la competición, en un prototipo basado en la mecánica de un Citroën 2CV que él mismo se construye.
Tras apuntarse a la autoescuela 2 meses antes de cumplir los 18 años, obtiene el carné de conducir nada más cumplir la mayoría de edad. En el garaje esperaba el que estaba llamado a convertirse en su primer coche de competición: un SEAT 1430 que llevaba un año construyendo a base de piezas de desguace. Su intención era correr en la Subida a Leitariegos, la carrera que desde niño veía año tras año en su pueblo, aunque a sus padres la idea no les gustaba demasiado. Cambiaron de idea cuando uno de los coches que participaba en la edición del año anterior se salía de la carretera, derribando a Roberto y sus amigos, que estaban viendo la prueba subidos en un muro de unos 10 metros de altura. Fueron casi todos al hospital y desde ese día, sus padres se dan cuenta de que quizá haya más peligro fuera que dentro del coche. De manera que el año siguiente se apunta a su primera carrera, una subida, aunque no consigue debutar porque los verificadores deciden que no se podía competir con una calavera pintada en el capot delantero.
Tras vender el Seat 1430, Roberto decide comprar y preparar en su taller un Seat 124. Por fin consigue debutar, participando en el Rally Ciudad de León, que se disputaba en el mes de mayo. Pese a competir con su coche habitual de calle, logra terminar el rallye. Al día siguiente se marchaba para Zaragoza a iniciar el servicio militar.
Nada más terminar las obligaciones con el Ejército, se pone a mejorar como puede el 124. Con él vuelve a probar suerte en el Ciudad de León, que en esta ocasión se celebra en septiembre. Pero esta vez ya comienza a paladear los sinsabores de las carreras y tiene que abandonar por problemas mecánicos. Al mes siguiente intenta hacer el Rally de Lugo, aunque la falta de experiencia de Roberto y el grupo de amigos que formaban el equipo hace que lleguen tarde al parque cerrado y quedan excluidos.
Continúa con el vetusto Seat 124, empezando la temporada en el Rally Villa de Gijón, que no consigue terminar. Después vendría el Rally do Lacon en Galicia, que a la postre se convertiría en el segundo rally que terminaba y, además, en una magnífica novena posición de la general, ganando su clase. Su moral se pone por las nubes, lo que le hace vender el 124 y adquirir un Seat Ibiza de la Copa que Seat Sport había puesto en marcha en el Campeonato de España de Rallyes. Se estrena en el Rallye de León, que supone su tercera carrera acabada. La siguiente aparición coincide con el Rallye San Froilán de Lugo, puntuable para el Campeonato de España. Como era habitual en aquellos tiempos había una inscripción de auténtico lujo, en la que no faltaban nombres de la talla de Salvador Serviá, Antonio Zanini, Carlos Sainz, Beni Fernández, Pep Bassas o Borja Moratal, entre otros. Roberto logró terminar en una meritoria posición. Antes del final de la temporada correría otro rallye más, en La Coruña, aunque esta prueba quedaba desgraciadamente anulada por un grave accidente en el primer tramo.

Al Seat Ibiza se le incorpora el nuevo kit que SEAT Sport suministra, con la intención de luchar por los primeros puestos de la Copa. El primer asalto es el Rallye Sierra Morena (Córdoba), donde consigue el cuarto puesto. A continuación vendría el Villa de Llanes (Asturias), donde Roberto y Fernando Dos Santos, su copiloto, consiguen un brillante segundo puesto. Las cosas parecían ir por buen camino, aunque en la carrera siguiente, el Rallye Rías Bajas de Vigo tenía que abandonar por una leve salida de carretera. Tras reparar el coche, se presenta en Lugo, para correr el San Froilán, y esta vez sí toma la salida. Sin rastro del posible miedo que le hubiera podido quedar del accidente anterior, terminaría en la cuarta plaza. El siguiente asalto es el Rallye 2000 Viratjes (Barcelona), donde Méndez-Dos Santos terminarían terceros. El último de la temporada fue el Valeo (Madrid), donde también es tercero, puesto idéntico al que consigue en la clasificación final de la Copa Ibiza. Su primera participación en un certamen monomarca de ámbito nacional no se salda, pues, con mal resultado, sobre todo teniendo en cuenta la precariedad de medios económicos y técnicos de que se disponían.

Subcampeón de Castilla y León de Rallyes

Con la experiencia adquirida el año anterior en la Copa, Roberto sale a por todas, decidiendo rodar coche y equipo en una prueba regional, el Rally del Bierzo. Logró terminar quinto absoluto, por detrás de máquinas muy superiores como Porche 911, Opel Manta 400, Renault 5 Turbo 2 o BMW 325, llegando, incluso, en el último tramo del rally a conseguir el que sería su primer scratch en un tramo. Con la moral por las nubes se mete de lleno en la Copa Ibiza y comienza en el Rally de Peñucas (Santander). Pero como las carreras a veces son muy ingratas, nada más tomar la salida, a escasos 2 km del podio rompía un palier, lo que daba al traste con toda la ilusión y los preparativos. Como se perdían un poco los ánimos, volvía hacer un rally del regional de Asturias, el Villa de Tineo. Allí, las cosas no podían empezar mejor, pues en el primer tramo se conseguía el segundo mejor tiempo, a escasos 4 segundos del veterano Alberto Hevia y su competitivo BMW ex oficial. Aquel registro se debía a lo deslizante que estaba el tramo, a causa del agua que estaba cayendo. Pero, como las desgracias nunca vienen solas, las nubes comenzaban a despejarse y, según se iba secando la carretera, Kiko Cima con GT Turbo le iba recortando segundos, hasta llegar a ponerse por delante en la clasificación. Entonces, en un intento de mantener el fortísimo ritmo al que se rodaba, Roberto se salía de la carretera, volando por encima del Opel Manta de Carlos Otamendi, que unos segundos antes acababa de salirse en la misma curva. A Otamendi y su copiloto aún no les había dado tiempo ni a bajarse del coche, cuando veían como el Ibiza con Roberto y Fernando a bordo volaba por encima de sus cabezas, con la particularidad de que, mientras el Opel Manta se quedaba al lado de la carretera, el Ibiza daba catorce vueltas de campana terraplén abajo. Las malas noticias no acababan ahí, pues al final de la carrera, cuando la grúa estaba sacando el coche del barranco, se le soltaba el cable y el Ibiza volvía a despeñarse, dando otras tantas vueltas monte abajo, quedando ya totalmente para el desguace. Después del aparatoso accidente ni Roberto ni Fernando sufren daños de consideración, sólo un gran susto y algunas contusiones sin importancia. Las dos siguientes carreras del campeonato ya no se podían realizar, porque hubo que volver a hacer el coche prácticamente desde cero y no daba tiempo, ni había dinero para repararlo. El equipo trabajó todas las noches, desde la hora de cerrar al público el taller hasta prácticamente la hora de volver a abrirlo. El coche se lograba terminar para la Subida a Leitariegos, la carrera local, aunque eso sí, a escasas horas de tomar la salida. Y en aquella subida pasaría lo más gratificante que puede acontecer en una carrera. No sólo se ganaba la subida al scratch, por delante de la barqueta de Víctor Abrahám y el fórmula de Monchu, sino que podía brindarse a los mecánicos y a todo el equipo un triunfo que servía para olvidar tantas y tantas noches de insomnio para tener el coche listo. Era la primera victoria absoluta y encima en “su” carrera. No menos importante era comprobar si después del accidente de Tineo habría miedo a pisar el acelerador, porque aún estaba muy reciente aquel desagradable episodio. Pero las dudas se quitaron nada más ponerse al volante del coche y, tras completar una subida llena de riesgo y agresividad, Roberto alcanzaba lo más alto del podium.

De nuevo volvía a la Copa, con motivo del Rallye de la Coruña, en el que se encontraba, después de haberse realizado tres tramos cronometrados, liderando su categoría. Pero estaba visto que la Copa no le iba a ser propicia a Roberto, ya que poco más tarde se quedaba el cambio bloqueado, lo que significaba un nuevo abandono. La siguiente cita era el Rally de Vigo, en el que también se comienza mandando en la clasificación, aunque un fallo eléctrico a poco del final relega a Roberto y Fernando a la segunda posición. El Ralye Costa del Sol, de Almería, supone el principio del fin de esa temporada. Después de estar allí ya con el rallye entrenado, Seat Sport comunica a Roberto que está excluido de la Copa, por falta de resultados y no de participaciones que sería lo normal. Como si dependiera del piloto acabar las carreras... Indignados, Roberto y Fernando deciden marcharse para casa sin correr y presentarse en la última carrera del año, Madrid, para volver a demostrar su rapidez, ganando el rallye con 11 minutos de ventaja sobre su más inmediato seguidor.

Lo que sí se consigue en el año 1988 es el Campeonato de Castilla y León de Rallyes. Esporádicamente se corrían las carreras que no coincidían con las de la Copa Ibiza y, como la mala suerte parece que solo estaba en el Campeonato de España, las cosas salieron bien en el regional, sumando así el primer título en su palmarés

Campeón de Castilla y León de Rallyes y Subcampeón de Castilla y León de Montaña
Sin ningún programa deportivo definido, puesto que Seat Sport decide darle carpetazo a la Copa Ibiza y con el presupuesto bajo mínimos por la mala temporada del año anterior, se decide seguir corriendo con el mismo coche, aunque con una mecánica ya muy castigada. Únicamente se harían rallyes del Campeonato de Asturias y de Castilla y León, nueve en total, y tres subidas de montaña, con unos resultados aceptables.

Vencedor en varias carreras al Scratch